lunes, 18 de agosto de 2025

INESPERADO DESPERTAR

La noche desplegaba sus alas sobre el sueño del caminante cotidiano que dispuesto a descanzar en los brazos de Morfeo checaba las cosas para domir con tranquilidad. Sin embargo, de pronto en pronto,  al frente de la morada había un terreno del otro lado de la carretera. Era un terrano largo con unos cuantos árbolitos en su suelo y al centro. En el se divisaba una figura humana, como si pastoreara borregos, pero luego se veía lejana, como si buscara algún objeto perdido. o quizás... buscaba atraer la atención de alguien, pues entre sus manos, tintilaba una pequeña luz de lámpara para dar noticia de que estaba ahí..

Yo, en el patio de la casa, cerré el carro dejando a un lado la incognita de ¿quién caminaba en la noche al otro lado de la carretera. Un terreno sin siembra de frente a mis ojos? Sin embargo, instintivamente volví la vista para interrogar el fondo de la parcela. La figura humana, ahora. estaba más cerca. Por lo que encaminé mis pasos al frente para ver de quién se trataba. pero, el terreno otrara despejado. Era diferente. De este lado de la carretera había una espesura ráquitica de árboles jóvenes, que me dificultaban la visión, y parecía que miraba a través de ventanas de troncos delgados que sostenían su follaje en la alto de mi cabeza. O ¿acaso detenía mi paso de curiosidad?

Dí la media vuelta, decidido a olvidar la curiosa situación. -Su presencia no me afectaba. Dije cavilando. Entré a la casa. conversé con alguién , mientras me cersioraba que las  tres puertas principales, estuvieran bien cerradas. Finalmente heché un ultimo vistaso por la ventana. Y sorpresa. La calavera de la parte trasera del auto. Estaba parpadeando. Imaginé que había dejado las intermitentes encendidas, como otras ocasiones.

Quité, nuevamente el cerrojo de la puerta de la casa y caminé al auto. Abrí la puerta del lado del chofer y me senté para quitar las llaves del swich, pero para sorpresa mía. No había llaves pegadas. -No sé porqué pero sentí un frío que recorrió mi espalda mientras un pequeñño ruido se escuchó en los asientos de atrás. No presté atención. Pensé que el ruido era afuera. Y decidí bajar del auto. Asegurándome que las intermitentess, estuvieran apagadas. Sin embargo, otro movimiento más claro llamó poderosamente mi atención. Iba yo a voltear, cuando de pronto escuché su voz. -No te bajes. -Quédate.

No sé como me sobrepuse a la impresión, pero mi cuerpo quiso huir y a la vez, reconocer aquella voz escondida entre la espesura de la noche y el asiento trasero del auto con sus ventanillas polarisados.

Imagino, que quice salir corriendo al reconocer la voz mientras su mano intentaba detenerme. Me dió miedo. Grité y grité el nombre de mi esposa que ya dormía en la habitación de la casa. Mientras la voz me suplicaba. -No la llames por favor. Así fue como  por un instante crucé mi mirada con la de ella y vi la malicia de sus ojos con pupilentes verdes, Como una serpiente al asecho de su presa. Pero yo, gritaba y gritaba y nadie escuchaba. Sólo el rose de mi sábana me regaló el placer de despertar. Pedí a Dios que cuide de mi sueños y dormi sin contratiempos. Y al despertar por la mañana, tomé las arañitas de mi mente e hice surcos con narrativa de un cuento.

El datil del Tecomate. 8 de agosto de 2025. San Pablito Calmimiloco, Chicocuac, México. 

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